La banda de Puerto Rico está nuevamente en el país.
Tras presentarse por última vez el año pasado en el Luna Park, cuando festejó
sus 15 años de historia, regresa con un gran número de fechas.
Desde la salida de su último disco “La dulzura” donde realizaron una fusión de música melódica, un
tango y casi nada de reggae la banda ganó muchísima popularidad. Sus temas
llegaron a las radios más escuchadas y se convirtieron rápidamente en un
fenómeno. Para los seguidores del grupo fue algo raro, pero ellos justificaron
la necesidad de hacer algo nuevo y si pensamos que evolucionar es cambiar
algunas cosas, es perdonable.
Pese a esto, su última presentación en Groove, el
domingo 29 de julio, fue un tanto extraña. Con algunos problemas técnicos en el
sonido, Cultura tocó durante más de una
hora y media. Sin embargo, pese a los inconvenientes, lo que más llamó la
atención fue sin duda la respuesta del publico, que lejos de ir a escuchar reggae
parecía una masa de mujeres viendo a un cantante pop al que no paraban de
gritar “te amo”, algo raro para este género, así como los gritos agudos que se
les escapaban entre tema y tema. Se notaba que era público nuevo, sobre todo
por el delirio que les generaba cuando comenzaban las notas de las nuevas
baladas. Y, esto de alguna forma es como la popularización del reggae. Ellos no
deberían estar sorprendidos con esta nueva repercusión, “deben decir te amo porque aman la música no a
mí” no tardo en decir Willy Rodríguez,
voz y líder del grupo, poco acostumbrado
a este trato. Y, es que para este tipo de bandas convertirse en un símbolo de
adoración adolescente es un lugar desconocido.
La noche siguió con fusiones de electrónica, algunos
de sus viejos temas como: “Sube el humo”, “De antes” y “No me interesa” una de
sus clásicas canciones de protesta por la situación social que vive Puerto Rico, en la que como prelulio contó con correcta la interrupción y cometarios de Willy explicando algo acerca
de lo que pasa en la isla boricua para
que estas chicas aprendieran o comenzaran a entender el porqué de la letra.
Seguramente esta sensación de desencanto la sitió más
de uno de los antiguos seguidores. Ya no era la misma banda que hace cuatro o
cinco años atrás tocaba en “La Trastienda” y antes de subir a escena se los
podía ver caminando entre la gente, o a Boris, el bateristas, saludando a los
espectadores. La noche del domingo dejó
algo raro, el deseo de querer escuchar a la antigua banda y la plena seguridad
de que tienen muchos nuevos seguidores. Lamentablemente, desde lo musical no fue lo esperado, por
momentos se asemejaba a un recital de los Babasónicos, muy poco reggae para
compensar tanto sonido electrónico.
