martes, 31 de julio de 2012

Cultura Prófetica, mucha electrónica y poco reggae


La banda de Puerto Rico está nuevamente en el país. Tras presentarse por última vez el año pasado en el Luna Park, cuando festejó sus 15 años de historia, regresa con un gran número de fechas.

Desde la salida de su último disco “La dulzura” donde  realizaron una fusión de música melódica, un tango y casi nada de reggae la banda ganó muchísima popularidad. Sus temas llegaron a las radios más escuchadas y se convirtieron rápidamente en un fenómeno. Para los seguidores del grupo fue algo raro, pero ellos justificaron la necesidad de hacer algo nuevo y si pensamos que evolucionar es cambiar algunas cosas, es perdonable.

Pese a esto, su última presentación en Groove, el domingo 29 de julio, fue un tanto extraña. Con algunos problemas técnicos en el sonido, Cultura tocó durante más de una hora y media. Sin embargo, pese a los inconvenientes, lo que más llamó la atención fue sin duda la respuesta del publico, que lejos de ir a escuchar reggae parecía una masa de mujeres viendo a un cantante pop al que no paraban de gritar “te amo”, algo raro para este género, así como los gritos agudos que se les escapaban entre tema y tema. Se notaba que era público nuevo, sobre todo por el delirio que les generaba cuando comenzaban las notas de las nuevas baladas. Y, esto de alguna forma es como la popularización del reggae. Ellos no deberían estar sorprendidos con esta nueva repercusión, “deben decir te amo porque aman la música no a mí” no tardo en decir  Willy Rodríguez, voz y líder del grupo,  poco acostumbrado a este trato. Y, es que para este tipo de bandas convertirse en un símbolo de adoración adolescente es un lugar desconocido.

La noche siguió con fusiones de electrónica, algunos de sus viejos temas como: “Sube el humo”, “De antes” y “No me interesa” una de sus clásicas canciones de protesta por la situación social que vive Puerto Rico, en la que como prelulio contó con correcta la interrupción y cometarios de Willy explicando algo acerca de lo que pasa en la isla boricua  para que estas chicas aprendieran o comenzaran a entender el porqué de la letra.

Seguramente esta sensación de desencanto la sitió más de uno de los antiguos seguidores. Ya no era la misma banda que hace cuatro o cinco años atrás tocaba en “La Trastienda” y antes de subir a escena se los podía ver caminando entre la gente, o a Boris, el bateristas, saludando a los espectadores.  La noche del domingo dejó algo raro, el deseo de querer escuchar a la antigua banda y la plena seguridad de que tienen muchos nuevos seguidores. Lamentablemente,  desde lo musical no fue lo esperado, por momentos se asemejaba a un recital de los Babasónicos, muy poco reggae para compensar tanto sonido electrónico.